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Lima, Pedro y el Pogo

Por: Carlos Andrés Mejía Vergara (a) Kalitroke

Banda A está tocando en un local del centro. Pedro fue a verlos porque su disco le gustó mucho. Le parece que sus canciones suenan mejor en directo que en sus versiones de estudio, piensa que debe ser difícil lograr eso, pues su instrumentación es relativamente compleja. No tienen baterista ni nada parecido, así que no puede mover los pies al ritmo de ninguna percusión. Está disfrutando mucho el concierto, pero no sabe cómo demostrarlo físicamente. Mira alrededor para ver qué hace la gente, todos están quietos. Intenta mover la cabeza de arriba hacia abajo, se siente ridículo y deja de hacerlo. Prueba simulando que tiene una guitarra en las manos, parece que encontró la posición adecuada; sin embargo, una arty se le quedó mirando y él se apresuró en disimularlo. Las últimas canciones se pasaron rápido, él estuvo muy concentrado en cómo moverse. Banda A se despide, hay aplausos tibios. Así como Pedro, parece que los demás asistentes sintieron lo mismo. Entra Banda B, a ellos él ya los había escuchado antes en su MySpace, cree que no son tan buenos. Arranca la batería punky de siempre, los rasgueos violentos y los punteos de la mitad de las bandas de la ciudad. La gente empezó a saltar tímidamente. Para la segunda canción, él también estaba en el pogo. Ya sabía qué hacer: saltar, reír, golpear al ritmo de la banda que consideraba mediocre. Acabó el concierto, gritos y aplausos estridentes para Banda B. Pedro regresó empapado en sudor a su casa y se echó a escuchar el disco de Banda A, mientras pensaba en una forma de poguear la música lenta.